Los menús a bordo siempre cuentan una historia sobre el estilo, los estándares, la cultura gourmet y sobre cómo cambia el servicio con el paso del tiempo. Desde los lujosos platos de las décadas posteriores a la guerra, pasando por la ligereza de la nouvelle cuisine, hasta una mayor personalización, más comodidad y los inconfundibles Lufthansa Signature Moments en la experiencia a bordo rediseñada a partir de 2026, la comida a bordo siempre ha sido una parte fundamental del vuelo. Son la expresión de una cultura de viaje viva.
Indulgencia en los primeros años
La experiencia gastronómica a bordo ya era un producto del espíritu pionero y una expresión de lujo en las décadas de 1920 y 1930. En las primeras rutas de Deutsche Luft Hansa, el primer auxiliar de vuelo, en colaboración con Mitropa, la principal empresa de vagones cama y restaurantes de la época, servía pequeños aperitivos y bebidas en el Junkers G 31. Poco después, en aviones grandes, como el G 38 o el Junkers Ju 90, los menús se empezaron a servir en un ambiente de lounge, con un bar, unos cuantos asientos y una atención personalizada. A partir de 1938, las auxiliares de vuelo también se ocupaban del bienestar de los viajeros en las cabinas espaciosas.
Además, en 1928, Lufthansa preparaba y ofrecía comidas calientes a bordo en la ruta Berlín-París, siendo una de las primeras aerolíneas en hacerlo. Este es un indicio temprano de la importancia que las artes culinarias tuvieron para los viajeros y para Lufthansa desde sus inicios.
Volar era una aventura para una clientela exclusiva y el servicio de comidas a bordo recordaba más a un gran hotel que a un medio de transporte: menús de varios platos servidos en porcelana, vinos selectos y productos de tabaco convertían este nuevo viaje sobre las nubes en un acontecimiento social.
Una cena abundante sobre las nubes
El viaje culinario de Lufthansa comienza en un momento en el que volar seguía siendo algo muy especial. A finales de la década de 1950, con el Lockheed Super Star, se introdujo el servicio Senator en los trayectos del Atlántico Norte, un concepto que, para los estándares de la época, parecía casi visionario. Solo había espacio para treinta y dos pasajeros, que podían disfrutar de una lounge, un restaurante y una cocina a bordo. Un chef especialmente capacitado preparaba menús a la carta y en el bar se servían bebidas selectas. Volar era más que un simple medio de transporte. Era un placer culinario.
La disposición de la mesa
A medida que los aviones avanzaban tecnológicamente, también evolucionaban los requisitos del servicio a bordo. La flota se volvió más moderna, más rápida y más eficiente, pero la aspiración seguía siendo crear un ambiente placentero. La respuesta fue una mesa bien preparada: una bandeja con una funda textil, porcelana, cubiertos, una servilleta y un vaso. De este modo, se creaba la impresión de un restaurante con mesas completamente dispuestas en un espacio limitado.
De la opulencia a un mayor refinamiento
En la década de 1970, comenzó una nueva era de confort con el Boeing 747. La First Class ofrecía más espacio, más tranquilidad y más servicios, y la oferta culinaria también cambió de carácter: los opulentos menús tradicionales dieron paso a un sutil refinamiento.
A principios de la década de 1980, la cocina se volvió más delicada, fresca y elegante: se introdujo a bordo la nouvelle cuisine. Eran característicos de aquella época, por ejemplo, higos frescos con foie gras, una ensalada de jamón curado con endivias belgas y radicchio, lomo de cordero asado con champiñones y gelatina de menta, o rodaballo escalfado sobre col de Saboya con salsa de azafrán.
El cliente determina el ritmo
En la década de 1990, el cliente cobró aún más protagonismo. La personalización se convirtió en un tema central. En 1997/98, Lufthansa introdujo por primera vez un servicio a la carta en First Class. Los pasajeros podían decidir por sí mismos cuándo, qué, cuánto y en qué orden querían comer o beber. Las comidas se preparaban individualmente, se emplataban en porcelana nueva y se servían directamente en el asiento.
La oferta culinaria en Business Class también se personalizó. Una mayor variedad de opciones, una comida rápida y un desayuno de última hora demostraron que ahora el servicio a bordo estaba en más consonancia con la duración del vuelo, la hora del día y las preferencias individuales. Esta etapa se caracterizó por menús de varios platos con aperitivos, platos principales y postres que se podían combinar libremente, complementados con una variedad de desayunos frescos y comidas más pequeñas, que también se podían combinar de forma flexible. Por lo tanto, las comidas a bordo dejaron de ser una secuencia fija y se adaptaban mejor al ritmo de cada viajero.
La firma culinaria de Lufthansa
Desde los primeros años, los chefs y los equipos a bordo especialmente formados dieron forma a la experiencia del servicio a bordo. Posteriormente, los chefs trabajaron cada vez más en recetas que pudieran causar impacto incluso a grandes altitudes, dado que la estructura, el sabor y la consistencia de los alimentos cambian a una altitud de 10 000 metros.
Así, a partir de finales de la década de 1990, se fue perfilando con mayor claridad una propuesta culinaria única, elaborada junto con chefs galardonados. Los mejores chefs como Emile Jung, Marc Haeberlin, Paul Bocuse, Ralf Zacherl y Harald Wohlfahrt continuaron desarrollando los menús para First Class y Business Class, creando una oferta culinaria que estaba conscientemente alineada con la alta cocina.
Con Johann Lafer, codesarrollador del concepto de Business Class desde 2025, la idea de un lujo moderno a bordo, centrado en el origen, la variedad y la estacionalidad, se sigue impulsando hasta el día de hoy. A partir de 2026, el galardonado chef Christoph Kunz también nos invita a acompañarle en un viaje culinario con sus exquisitos menús de degustación que llevan el placer a bordo a un nuevo nivel.
¿Listo para el viaje culinario de hoy?
Todas las rutas conducen al placer
Un repaso de cómo han evolucionado los menús a bordo revela la estrecha relación entre el placer y la cultura de los viajes. Desde el copioso menú que incluía sopa de tortuga y medallones de ternera, pasando por la exquisita ligereza de la nouvelle cuisine, hasta el servicio a la carta personalizable, la experiencia gastronómica a bordo ha cambiado muchas veces, y sin embargo, su significado ha permanecido intacto.
Esto se debe a que una buena comida sobre las nubes es más que un simple elemento en el programa entre el despegue y el aterrizaje. Se trata de anticipación, de escapar de la rutina diaria, de comodidad y, a veces, del primer momento destacado del viaje.